El domingo me desperté de repente, con la imagen de mi vestido de comunión en la cabeza y en ese momento supe que no podía desprenderme de el, supe que no quería perderlo, y con el, parte de los momentos mas felices de mi infancia…
Recuerdo ese día como si fuese ayer, como no dormí en toda la noche, deseosa de levantarme, y ponerme esa bata de satén hasta los pies (de princesa como yo le llamaba) a conjunto con el camisón que ya llevaba, y que había estrenado esa misma noche.
Y ya enfundada en mi vestido de noche de princesa, corrí, con ayuda de mi madre a vestirme y prepararme para ese gran día, ese día en el que yo, y únicamente yo, era la protagonista de mi vida…
Por aquel entonces, en que la economía escaseaba en mi familia, la idea de poder llevar el día de mi comunión, un vestido nuevo, era casi inimaginable. Entonces se estilaba llevar el vestido prestado, de un prima, hermana, vecina , o cualquier niña que ya hubiese hecho su primera comunión, y esa era la idea inicial .Sin embargo, con un gran esfuerzo de mis padres y abuelos, una tarde, mi madre y mi abuela paterna, me llevaron a una tienda de vestidos de novia y comunión, en el barrio de la Barceloneta. Y durante una tarde, me sentí como Julia Roberts en Pretty Woman, probándome vestidos preciosos, uno tras otro, medias, zapatos, guantes, hasta que di con el, con mi vestido de comunión. Era tan perfecto, sencillo pero sin falta de detalles, con florecitas rosas engastadas en el pecho y en la cintura, tan bonito…que en ese momento, en el probador, enfundada en mi vestido blanco, mi imaginación de niña voló hacia bosques mágicos, castillos encantados y mundos de princesas y hadas…y me dije a mi misma que algún día me enfundaría otro vestido blanco, de la mano de mi príncipe azul…
Recuerdo ese día, en la iglesia, entrando con mis compañeros de catequesis, viendo a toda mi familia admirándome, a mis padres tan orgullosos de su hija, que en ese momento me sentí tan bonita…tan preciosa…tan princesa…, que hoy recordando ese día, me doy cuenta de que nada ha cambiado, que princesa no se hace, se NACE, aunque la “vida” ha intentado arrebatar-me la “corona” en numerosas ocasiones. Hoy me doy cuenta de que sigo siendo la misma niña dulce de antaño, con las mismas ilusiones, que se sigue emocionado con los cuentos de hadas y los vestidos blancos de princesa, y que sigue sintiéndose tan bonita , tan preciosa y tan princesa, como antes…
Después de la iglesia, tuve mi banquete, en un restaurante precioso, con flores en las mesas, camareros con pajarita, y pastel de cinco pisos de postre, y como guinda del pastel, la Tuna vino a deleitarme con una canción que llevaba mi nombre…Y fui feliz, inmensamente feliz, jugando con mi hermanos y primos por debajo de las mesas, con los demás niños de las otras mesas que también estaban siendo protagonistas de sus vidas…Si, fui inmensamente feliz…
Fui inmensamente feliz, con mi vestido de comunión, en la iglesia, corto, por debajo de la rodilla, y fuera de ella, largo, hasta taparme mis zapatitos blancos con flores rosas…Fui inmensamente feliz, corriendo por el parque al que fuimos después, cogiéndome el vestido con las manos como una damisela, y subiéndome a los columpios y toboganes,…subiéndome a mi castillo encantado…
Este domingo me desperté de repente, y me di cuenta de que ninguna de las maneras, podía permitir que mi vestido de comunión se quedara en el olvido, y con el los momentos mas felices de mi infancia.
Por la noche, le pedí a mi madre, que antes de entregar las llaves del piso viejo, me trajera el vestido de comunión, que mientras hacía la mudanza, decidí no llevármelo.
El lunes, cuando salí de trabajar, corrí a casa y, al entrar en mi habitación , allí estaba, encima de mi cama, el vestido de comunión doblado en su caja, tal y como lo dejé ese 29 de mayo de 1987, y tal y como se hubiera quedado, si este domingo no me hubiera despertado…
Este domingo me desperté, tranquila, con una sonrisa en mis labios, en la cama, a mi lado dormía placidamente, mi “Príncipe azul”, el hombre que me ha hecho volver a sentirme bonita, preciosa, princesa…
Este domingo me desperté contenta, el vestido se había salvado, y con el, toda mi infancia y parte de la vida pasada, que me hizo sonreir como lo hago ahora…Lo salvé de una muerte segura, de morir entre las ruinas del piso que me vio crecer, que me vio sonreir, que me vio llorar…el piso que nunca mas volveré a pisar…
Pero esta, ya es otra historia…

1 comentari:
bufffff brutal, tienes mucha intesidad en todo lo que escribes, haces que la mente se transporte a la iglesia, al comedor... mientras te leia te imagianava en el parque.. he podido imaginar cada detalle....
senzillamente genial... me parace una pasada como escribes..logras que lea todo el texto sin parpadear.... genial..
ahh y la foto le da un toque al post...
genial...muy muy bueno...
(por cierto creo que deberia retocar algo de la publicacion de comentarios, tengo que estar registrado creo para poder comentar)
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